Cine turístico

Conseguir un gran taquillazo con una película es tarea tanto o más difícil que conseguir una obra de arte cinematográfica. Los gustos del público son cambiantes y la mecánica para conseguir un éxito, a lo que se dedica la industria de Hollywood, no es sencilla de dominar. Se trata de aunar en una historia elementos tan dispares como una intriga interesante, unos personajes atractivos con arco dramático, uno o varios escenarios deslumbrantes, una historia de amor, una cuenta atrás y una persecución de coches. Revise el lector cualquier taquillazo de los últimos 50 años, desde los primeros Bond a Origen (Christopher Nolan, 2010) y encontrará en ellos esos ingredientes de manera insoslayable.

Aún así, estando tan claramente definidos cuáles son los ingredientes que satisfacen al público, incluir todos ellos en una cinta no es garantía de éxito. El toque final, ese punto de la narración que consigue suspender la realidad en el patio de butacas, es un arte tan escurridizo como poco frecuente. El realizador Ron Howard y el guionista David Koepp han dado muestras reiteradas a lo largo de su carrera de dominar ese oficio en gran medida, logrando cocinar películas notables sin dejar de acertar con el gusto del público en todo el mundo. Es natural que sean reclutados por tercera vez por el productor Brian Grazer, uno de los más notables creadores de blockbusters del siglo XX, para poner en pantalla los libros del escritor Dan Brown, un equivalente en literatura al fenómeno mainstream en la pantalla. La industria del ocio.

Cartel y fotos de ‘Inferno’ con Tom Hanks y Felicity Jones

Cartel Poster 'Inferno'

Crítica de ‘Inferno’ dirigida por Ron Howard

El gran hallazgo que debemos a Dan Brown como autor es que ha sabido integrar en la trama de sus novelas elementos del arte y la cultura popular que todos hemos adquirido en nuestros viajes turísticos. Brown es muy consciente de que el turismo es incapaz de generar conocimiento en profundidad, pero sí crea una memoria muy placentera cuando descubrimos detalles sobre obras de arte que hemos conocido de primera mano, logrando establecer una conexión, un vínculo, entre lector y protagonista.

Este mecanismo es perfecto para el cine, que además añade la experiencia visual, la fantasía de repetir la visita ya hecha con extrema intensidad, adentrándonos en monumentos y ciudades como no podemos hacerlo durante una visita guiada. Y si no lo hemos hecho, desear hacerlo intensamente. La habilidad de Koepp y Howard es lograr un ritmo e intriga que crece sin pausa a lo largo de los minutos hasta rubricar un espectáculo redondo, sin fisuras, donde quedan a salvo los mejores sentimientos que nos abordan al maravillarnos ante las obras de arte que conocemos en nuestros días de vacaciones.

Aunque Tom Hanks nunca ha tenido del todo la traza física de Langdom y que su edad ya roza lo inverosímil para algunas escenas de acción, su carisma y capacidad para encarnar a ése héroe donde se consagran las virtudes cotidianas que otrora perfilasen Gary Cooper, James Stewart o Kevin Costner, bastan para arrastrarnos junto a él al fondo de la intriga. La pericia de Howard en la realización, especialmente ilustrando ese inferno de Dante en las alucinaciones del protagonista, y la estructura perfecta, medida, del guión de Koepp, consiguen soslayar las ingenuidades de la trama detectivesca y arrastrar al espectador por un espectáculo en el que no faltan ninguno de los elementos mencionados: una cuenta atrás, una historia de amor, una persecución de coches, varios escenarios formidables, giros y arcos dramáticos sorprendentes, etc.

El cine siempre va a luchar entre su condición artística y su condición industrial. Quiénes sean partidarios de una u otra se decepcionarán viendo películas de la otra vertiente, pero conviene recordar que las obras maestras siempre nacen de obras populares a las que el tamiz del tiempo desvela virtudes. Inferno no es una obra maestra, ni probablemente lo será con el paso del tiempo porque repite una fórmula, un arquetipo, que logra la satisfacción del público. Pero nunca conviene olvidar que el Quijote, Sherlock Holmes o el cine de Hitchcock se crearon bajo esas mismas premisas.

Siéntense y disfruten.

Tráiler de ‘Inferno’ basada en la obra de Dan Brown

 

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Crítico y editor en CineCrítico.
Adscrito a Online Films Critics Society.

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