España tiene una larga tradición en la comedia moralizante. Por la condición católica de su cultura, el cine español ha recurrido de forma recurrente a argumentos donde los buenos sentimientos, las buenas obras, triunfan por encima de injusticias e intolerancias. Ahí está buena parte del cine dirigido por José María Forqué o el protagonizado por Paco Martínez Soria, aunque la lista sería interminable. Tradición que se repite en países con raíces parecidas como Italia o México, con Cantinflas como máximo exponente.

Aunque durante la transición la comedia derivó hacia vertientes más adultas y transgresoras, una vez superados los años de la movida sus supervivientes y herederos adoptaron cierto progresismo que, quizá inconscientemente, adoptaba este síndrome buenista. Los curas comprensivos, paletos de buen corazón y familias piadosas de clase media fueron sustituidas por empleados que aspiraban a prosperar, gais que se autoafirmaban consiguiendo el respeto social o amas de casa que, por fin, se liberaban.

Thi Mai viene a sumarse a esta tradición de comedias buenistas con un asunto de lo más propio: la adopción truncada de una niña vietnamita. Un tema que la entronca, quizá a su pesar, con esa tradición católica de la familia como eje sentimental que vertebra la sociedad española.

Cartel y fotos

Thi Mai - poster

Crítica

Las buenas noticias sobre Thi Mai están en su concepción. Primero, porque supone el regreso después de cinco años de la cineasta Patricia Ferreira. Segundo, por el debut de la televisiva guionista Marta Sánchez (Aída, 7 vidas…) en el cine. Tercero, por ser el primer proyecto de ficción de la productora Es.Docu que aprovecha su experiencia en rodajes en el extranjero para lanzarse a este proyecto rodado mayormente en Hanoi (Vietnam).

Ferreira aplica su habitual pulso para rodar sin excesos una comedia de buenas intenciones que tiene su fuerte en el trío protagonista: Carmen Machi, Adriana Ozores y Aitana Sánchez-Gijón. Lamentablemente, sus personajes no superan los estereotipos que representan: una madre traumatizada por una pérdida, una ejecutiva agresiva en crisis y un ama de casa algo atolondrada.

‘Thi Mai’ se ve con una sonrisa complaciente y afianza los buenos sentimientos del espectador como tantas comedias españolas de los 60

Las situaciones del guión tampoco traen grandes novedades salvo los típicos equívocos culturales y el exotismo de ciertas situaciones. Caminos trillados donde ni siquiera el personaje de Dani Rovira, un homosexual de buen corazón, cómo no, sirve para una resolución más álgida. Para paladares más finos quedan las dos o tres secuencias en las que aparece Pedro Casablanc, lo mejor de la cinta, un actor que en otra industria menos precaria estaría protagonizando los mejores proyectos a golpe de talonario.

Thi Mai se ve con una sonrisa complaciente y afianza los buenos sentimientos del espectador como tantas comedias españolas de los 60. Un producto digno con una indudable orientación comercial. Han cambiado los roles, han cambiado los estereotipos; aparentemente ha cambiado el régimen político, la sociedad… pero el mensaje es el mismo: tus buenas intenciones pueden superar cualquier dificultad. Homeopatía filmada.

Tráiler

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Thi Mai (Patricia Ferreira, 2017)
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Valoración
Guión
Dirección
Interpretación
Originalidad
Espectacularidad
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Crítico y editor en CineCrítico. Adscrito a Online Films Critics Society.

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