Crítica de ‘Joy’ (David O. Russell, 2015)

Critica de JOY con Jennifer Lawrence

La gran virtud americana

 

Hay un factor que no se suele tener en cuenta a la hora de evaluar una película y que sin embargo es importante para que funcione: la conjunción del equipo técnico y artístico que la realiza.

Como en cualquier industria, y Hollywood lo es como la primera, la repetición de patrones de éxito es un eje fundamental de su funcionamiento. Las grandes compañías revisan las cintas con buena taquilla, estudian sus ingredientes, su minutaje, a qué público van dirigidas y reunen al mismo equipo o profesionales similares para producir algo similar o mejorarlo. Contruyen un molde y Joy es uno de esos productos salidos de un molde.

 

Lawrence, Cooper y Russell, un equipo perfecto

El lado bueno de las cosas (David O. Russell, 2012) reunió a varios profesionales en un momento complementario de sus carreras: el director Russell buscando reafirmarse y trazar una carrera notable tras El luchador (2010); el actor y productor Bradley Cooper, en su camino a ser una de las personas más influyentes del Hollywood actual al producir sus trabajos desde el inicio; y la actriz Jennifer Lawrence, una renovada “novia de América” marcando distancias en un rol tradicionalmente pasivo representado por Julia Roberts, Jennifer Aniston o Katherine Heigl huyendo de ser fagocitada por las sagas X-Men o Los juegos del hambre donde participa. La actriz que vimos de adolescente en Winter´s Bone (Debra Granik, 2010) sigue ahí, reivindicándose.

A todos ellos se ha unido incondicionalmente Robert De Niro, un maestro de la interpretación valedor del talento más joven, aunque esto no se le reconozca debidamente. Ahí están su festival Tribeca, el apadrinamiento de Leonardo DiCaprio desde sus comienzos y, ahora, unirse sin miramientos a un grupo de cineastas a cuyos requisitos se acomoda con la profesionalidad que corresponde a su veteranía, como secundario de lujo.

 

Carteles de ‘Joy’

JOY - Jennifer Lawrence - Poster

JOY - Jennifer Lawrence - Poster Final

 

Crítica de ‘Joy’

El equipo reunido en El lado bueno de las cosas probó el molde con más ambición en la magnífica La gran estafa americana (2013) que obtuvo una recompensa equivalente en cuanto a éxito de público y crítica. La maquinaria estaba perfectamente engrasada y todos sus participantes conseguían satisfacer sus inquietudes profesionales y personales siendo, además, rentables.

El molde que han fabricado consiste en satisfacer amplia e inteligentemente los gustos del público actual, cumpliendo sobre todo con el discurso de reivindicación femenino que es signo de nuestro tiempo.

El proceso creativo pasa porque Russell escriba un guión, habitualmente un drama de autosuperación con un importante rol femenino que salga vencedor para ser ejecutado en sus roles principales por Lawrence y Cooper. Un drama que no dejará de retratar la gloria y miseria simultánea que supone la institución familiar en nuestra sociedad capitalista, soportada sobre un inquebrantable amor filial. Drama que no olvidará incluir un par de historias de amor en diferentes segmentos de edad para actores reconocibles, que logren atraer otro segmento de público. Y, por supuesto, que haya niños implicados en la historia; un punto de vista y presencia siempre preparada para disparar la emotividad.

Una vez construido ese molde en forma de guión, se trata de que haya un equipo que con esas premisas y condicionantes, pueda plantearse hacer una gran película. Y este equipo lo ha hecho. Por tercera vez.

 

Fotos de ‘Joy’

 

La historia de la emprendedora Joy Mangano tenía todas las condiciones para prestarse a este cometido. De extracción humilde y con una vida lejos de la alegría, la fortuna y la armonía familiar, Mangano logró convertirse en una gran estrella de la teletienda y comercializar sus productos con enorme éxito. Russell recoge el material de su biografía y lo convierte en un guión férreo, donde los lugares comunes de la voz en off, flashbacks y tragicomedia familiar son utilizados en dosis ajustadas para que sólo sean vehículo a la verdadera historia que despierta interés: la de superación de su protagonista.

La poderosa imaginación infantil de Mangano se transforma en su madurez en una vena inventora que, por su condición de mujer y la época que le tocó, tenía todos los visos de ahogarse en una vida familiar y sus deberes conyugales. Russell cuenta magníficamente su historia mezclando dos tipos de secuencias. Unas largas y poderosas donde el diálogo hace avanzar la acción filmadas de modo soberbio con steady-cam en abundantes movimientos circulares envolventes resaltando las emociones. Y otras más cortas que las pespuntean, rodadas con cámara fija y montadas tradicionalmente, que sirven de contrapunto cómico y descompresor a las primeras y donde residen las tramas de los personajes secundarios. La perfecta combinación rítmica de ambas generan una historia de gran intensidad que atrapa al espectador implicándole en la aventura personal de la protagonista.

Hay mucho donde disfrutar en Joy además de su estimulante historia. Por ejemplo, con las contenidas interpretaciones de Lawrence y, sobre todo, Cooper. O con las estimables presencias de De Niro, Virgina Madsen, Diane Ladd, Isabella Rosellini o Édgar Ramírez. Pero sobre todo, en que su visionado se convierte en una defensa vigorosa y cerrada del liberalismo norteamericano como gran valedor de las virtudes individuales del esfuerzo, la inteligencia y el tesón. Y de lo que se consigue con ellas: la libertad individual y la propiedad privada. Algo que en Europa nos cuesta entender por cierta idea de que nacemos mereciendo todos los bienes y derechos, sin exigírsenos nada a cambio. Y en cierto modo, porque el equipo que la ha creado viene a ser un auténtico paradigma de los valores y virtudes de Mangano, su protagonista: una creadora de moldes para fabricar productos que le reporte los frutos a su esfuerzo con merecimiento.

 

Tráiler  de ‘Joy’

Compartir
Crítico y editor en CineCrítico. Adscrito a Online Films Critics Society.

Dejar respuesta

16 − cuatro =