Es francamente difícil que un director de origen nórdico no se plantee a lo largo de su carrera una película de carácter religioso o fuertemente ético. La impronta del luteranismo o protestantismo en países como Dinamarca, Suecia, Finlandia o Noruega, país de origen de Joachim Trier, ha dejado una huella intensa en su cultura como el catolicismo lo hizo en los países latinos con España e Italia a la cabeza.

Ahormados, además, en una tradición cinematográfica en la que orbita la milagrosa Ordet (1955) del danés Carl T. Dreyer, los cineastas nórdicos revisan a menudo en su obra ese rasgo del luteranismo que los diferencia de los católicos: Dios no justifica a los hombres por sus buenas obras, sino por la potencia de su fe.

Ahí radica la complejidad y profundidad de cineastas como el mencionado Dreyer, Ingmar Bergman, Lars Von Trier o, en los últimos años el propio Joachim Trier, cuya reciente El amor es más fuerte que las bombas (2015) ya recogía esta preocupación espiritual y ética.

Cartel y fotos con Eili Harboe

Thelma - poster

Crítica

Thelma es una obra de extraordinaria madurez que viene a sumarse a esa tradición que alumbra con fuerza Dreyer pero que ha tenido continuidad en el cine de Susanne Bier y, sobre todo, en el de Lars Von Trier a través de una trilogía no confesada compuesta por Rompiendo las olas (1996), Anticristo (2009) y Melancolía (2011).

Thelma narra la historia de una adolescente aquejada de unos ataques epilépticos extrañamente conectados con fenómenos naturales que llegan a provocar la desaparición de personas. Personas que, en algún momento, le han supuesto un conflicto con la fe inculcada por sus padres. Fe inculcada con libertad y dulzura pero negando el carácter divino y extrasensorial que ésta encarna en su hija. Un retrato familiar que critica la asunción de una fe religiosa en sus hábitos pero no en su más alta espiritualidad, tratándola como una enfermedad.

Una extraordinaria película religiosa, espiritual, digna sucesora de la tradición abierta por Dreyer y continuada por Von Trier

Durante el metraje asistimos al descubrimiento, a la asunción de la conciencia de fe que Thelma consigue con extraordinario sacrificio y que le lleva a entrar en un plano espiritual nuevo, supraterrenal, pero intensamente conectado a la naturaleza que palpita en ella.

Trier consigue una extraordinaria película religiosa, espiritual, digna sucesora de la tradición abierta por Dreyer y continuada por Von Trier con una singular puesta en escena llena de sutiles metáforas que dan al espectador las claves de lo que está sucediendo en la conciencia de Thelma. Ahí está la aparición con un vestido blanco de su pareja en la última secuencia, cuando siempre ha vestido de oscuro, lo que la coloca fuera del mundo terrenal y ya sólo perceptible por la protagonista a través de su fe.

O, sobre todo, en una de las metáforas visuales más estremecedoras del cine reciente, ese cristal que atrapa el mechón de pelo de una desaparecida entre el interior y exterior de su apartamento. Ese cristal que explica quién es Thelma, qué es el ser humano en el luteranismo, una conciencia transparente capaz de respirar entre el mundo real y el espiritual si concentra la fe suficiente.

Tráiler

Valoración
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Crítico y editor en CineCrítico. Adscrito a Online Films Critics Society.

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