Comenzó la SEMINCI… ¿cine de autor?

Seminci – cine de autor, un festival con nombre y apellidos. Hay que ser muy osado, con la que está cayendo, para acompañar con esas tres palabras (cine de autor) el letrero de un festival de cine.

Festival de Cine de Valladolid - Seminci 2013

Seminci – cine de autor, un festival con nombre y apellidos.

Hay que ser muy osado, con la que está cayendo, para acompañar con esas tres palabras (cine de autor) el letrero de un festival de cine. Al igual que sucede con el término vanguardia, muchas veces no se sabe si es más conveniente o contraproducente incluir estos términos relegados al ámbito de la élite, la capillita de iniciados, la marginalidad y la invisibilidad.

Cine de autor, un concepto ¿obsoleto? ¿imperecedero? sobre el que se vierten ríos y ríos de tinta cuestionándolo, defendiéndolo, descartándolo, etc. Cine de autor, un concepto antiguo para un cine moderno que no encuentra su encaje en el marasmo del cine postmoderno. Cine de autor, un concepto sobado, una etiqueta, un cliché, ¿postureo? Cine de autor, todos sabemos lo que es, pero no sabemos definir, porque a cada afirmación le viene su negación.

¿Se puede seguir hablando de cine de autor? pero a todo esto ¿quién es el autor?

El caso es que comienza una nueva edición de la Semana de Cine de Valladolid y ya van 58, desde aquella lejana nomenclatura de Semana de cine religioso y valores humanos celebrada al calor del nacionalcatolicismo, los cirios y los palios de la Semana Santa pucelana.

Una edición en la que el cine español volverá a estar muy presente, no sólo por las películas que se van a proyectar sino por el ambiente de incertidumbre que se respira. Desde la gala de inauguración, los corrillos con los profesionales del cine, las entrevistas, etc. la palabra resistencia resume el estado del cine patrio. Y es que hacer cine en España va a ser muy difícil en los próximos años, tras el recorte brutal de ayudas que van a provocar el cierre de muchas empresas, la pérdida de puestos de trabajo y un descenso tremendode las producciones. Una escabechina vamos.

Hacer cine español se va a convertir en un acto de resistencia, cavar una trinchera y resistir las embestidas de un mercado global, la falta de financiación y las zancadillas de un gobierno que se la tenía jurada a los del cine.
 

Tots volem el millor per a ella

La cinta de Mar Coll es la película que ha inaugurado la Sección Oficial. Una apuesta fuerte del festival por este nuevo cine español que está generando una de las etapas más doradas y plurales del mismo, mal que le pese al ministro Montoro.

 

Albert Serra, Jonás TruebaAndrés Duque, Virginia Gª del Pino o Juan Cavestany son algunos de los eslabones que jalonan una generación en la que Mar Coll ocupa un lugar destacado en la renovación de la ficción, más si cabe con esta, su última película.

Después de tres años de reflexión tras el éxito de su primer largo Tres días con la familia, Mar Coll regresa con un ejercicio de madurez impresionante. Parece que lleve sesenta películas a sus espaldas.

Todo en esta película es de un virtuosismo arrollador, y no, no se confundan, no estoy hablando de piruetas con la cámara y demás números circenses. Me refiero a un dominio de la puesta en escena como pocas veces se ha visto en el cine español, donde cada plano está calibrado a fuego, todo tiene su sentido, cada movimiento de cámara justifica una apuesta estética y ética.

Es un cine que no alardea de sus conquistas, todo se muestra de una manera muy sutil y depurada sin estridencias. Tots volem el millor per a ella es en este sentido, una lección de dominio del lenguaje cinematográfico que se debería pasar en todas las escuelas de cine sin excepción.

Pero la apuesta es arriesgada, Mar Coll decide no ajustarse a un esquema de cine predefinido y estandarizado como sucedía en La herida de Fernando Franco, película con la que comparte muchos puntos respecto a su contenido.

La directora catalana sacude su historia con una mezcla de géneros y tonos, y un uso muy lúdico y distanciador de la música. Quizás esto desoriente e incluso irrite a los que esperan películas homogéneas, redondas, que de tan redondas parecen rotondas.

Pero amigo, las películas más interesantes son las que prescinden del manual de instrucciones. Mar Coll donde realmente es una veterana es en la dirección de actores. Todos están a un nivel brillantísimo, especialmente esa pléyade actrices formada por Nora Navas, Àgata RocaValeria Bertuccelli.

Nora Navas interpreta a Geni una mujer de 38 años, con problemas para encajar en el que había sido su mundo, una vez superado un accidente de tráfico que le ha dejado secuelas físicas y psíquicas. Nora Navas sostiene en todo momento la película, prácticamente todos los planos los son ella.

Sin embargo, su actitud (ser) es la de la huida, una huida para liberarse, zafarse de un marido que más que en amante se ha convertido en un cuidador y de un entorno familiar y cotididiano gris que intenta colorear anhelando los sueños y deseos más ingenuos. Todo lo que no como la canción de L-kan.
 

The Canyons

La nueva película del venerado guionista pero obtuso director Paul Schrader es una película que intenta ser algo pero no se sabe qué. Proyectada fuera de concurso y en claro guiño a la retrospectiva que el festival ha realizado como homenaje a su labor de dirección, The Canyons nos muestra una historia de enredo con tintes oscuros.

 

La película está ambientada en un Hollywood decadente, pesadillesco y cruel. Los actores de tercera son juguetes rotos (Lindsay Lohan es una de las protagonistas) y las relaciones de poder se manifiestan en todos los ámbitos, especialmente en el trabajo y las relaciones personales.

Paul Schrader juega a trazar un thriller coral, donde la neurosis y el sexo son el motor que hace evolucionar la trama. Lo más destacado de este thriller televisivo es su envolvente banda sonora, en la que resuenan los ecos setenteros como sucedía en el magnífico tejido sonoro que punteaba las escenas de Drive.

Y un guiño al estado del cine con unos planos fijos en los que se suceden salas de cine cerradas, abandonadas y destartaladas. Una imagen cada vez más documental que ficcional.

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