Crítica de ‘Altamira’ (Hugh Hudson, 2016)

Amable recreación del descubrimiento de las pinturas de Altamira visto desde los ojos de una niña, su descubridora, que no supera su carácter pedagógico y promocional.

Crítica de Altamira

 

Bisontes para niños

 

La historia de las pinturas de Altamira es tan interesante como poco explotada en la ficción. La circunstancia de su descubrimiento azaroso por parte de la hija del aficionado a la arqueología Marcelino Sanz de Sautuola, antepasado de la familia de los banqueros Botín, y su lucha por reivindicar su autenticidad y relevancia ofrecen material suficiente para varias películas. Sin embargo, ésta es prácticamente la primera que se realiza sobre ello, cubriendo un hueco que ya era sonrojante.

No hay que obviar que la película está financiada por la fundación y banco de los descendientes del descubridor, así como por el gobierno cántabro, que han encargado la producción a Telefónica Studios, una compañía que en los últimos años se ha colocado en la cabecera de la producción de cine en España, como corresponde  a su estrategia para convertirse en un operador global de contenidos a la altura de Amazon o Google. Las cuevas de Altamira, los paisajes cántabros y las ciudades circundantes son un importantísimo foco turístico del norte de España, por lo que ya desde su origen este proyecto tiene el objetivo transversal de promocionarlos, a la vez que dar a conocer tan singular historia de modo global.

 

Cartel de ‘Altamira’ con Antonio Banderas

Cartel de Altamira

 

Crítica de ‘Altamira’ de Hugh Hudson

Desde sus primeras imágenes Altamira fija su carácter pedagógico y promocional más que dramático, centrando su relato en la mirada y el conocimiento que María, la hija del Marqués de Sautuola y descubridora de las pinturas, tuvo de lo que aconteció acerca del hallazgo. Aunque la historia está perlada de melodrama familiar y social, la tenacidad de Sanz de Sautuola durante décadas defendiendo la autenticidad de las pinturas frente a los científicos franceses es la trama principal, que recae en el rostro y la interpretación de Antonio Banderas. El actor malagueño realiza un esfuerzo de contención interpretativa y consigue momentos inspirados, especialmente en la secuencia del rechazo por parte del arqueólogo Cartailhac, que terminó reconociendo la veracidad de sus postulados lustros después.

La cinta recupera al director británico, ya octogenario, Hugh Hudson, que alcanzó gran relevancia en los años 80 del pasado siglo gracias a los títulos Carros de fuego (1981) y Greystoke, la leyenda de Tarzán (1984). Hudson aporta su habitual elegancia narrativa pero no logra superar el lastre que una producción de este tipo suele tener, donde hay que mostrar el paisaje y monumentos de los ayuntamientos patrocinadores, mantener el tono pedagógico para el público infantil, dar su secuencia de lucimiento a los prestigiosos actores contratados y pasar de puntillas por los momentos más conflictivos, pero interesantes, de la historia.

La cinta cumple con el objetivo que ha sido filmada, homenajear a Sanz de Sautuola y que sea un vehículo para dar a conocer las pinturas y el entorno turístico que las acompaña, especialmente a los más jóvenes, a los que están dedicados las bien logradas secuencias de efectos especiales de la película dentro de la cueva y que pueden ser recuperadas en otros soportes móviles y de realidad virtual. Para el público adulto quedará en el recuerdo el rostro de Banderas asociado definitivamente a la historia y la sorprendente caracterización del actor y ex-modelo Rupert Everett.

El descubrimiento de Altamira, la naturaleza de sus pinturas (realizadas por una única persona y sin rectificaciones) y la lucha de Sautuola aún albergan múltiples enigmas y dramas para ser explotados por la ficción literaria o cinematográfica, como no puede ser de otra manera al tratarse de uno de los tesoros de la Humanidad. Lástima que la industria española sea tan exigua para abordarlos con frecuencia, pero al menos ya contamos con esta estimable película que cubre un hueco que no podía dilatarse más.

 

Fotos de ‘Altamira’ con Antonio Banderas y Rupert Everett

 

Tráiler de ‘Altamira’ de Hugh Hudson

4 thoughts on “Crítica de ‘Altamira’ (Hugh Hudson, 2016)

  1. La película es lenta ,tediosa falta de ritmo y de emoción.Esta hecha a mayor gloria de Banderas.Mas de quince primeros planos de la barba conte.Casi dos horas hanblando de lo retrogrados que erean los miembros de la iglesia de aquellos días,que lo eran por supuesto,menuda novedad.Positivo? eL Paisaje, el color de nuestra tierra.Que eso no hay posibilidad de estropearlo ni queriendo.

  2. Como acabo de leer en una crítica, la peli suena muy mal en inglés, amén de que resulta un inglés absolutamente aséptico. Demasiado exposición de Bandera, sí. La actriz, Conchita, interpretada por una iraní, parece más bien sacada de un film mejicano, no de una cántabra

  3. Mala película, estereotipada y turística, repleta de moralina barata y de un sentido de la narración por entero estándar. Lamentable interpretación de Antonio Banderas. Del resto del reparto mejor no acordarse. No funciona ni como producto didáctico para profanos en la materia. Por más de un concepto, “Altamira” supone la peor cinta de Hudson, incapaz de manifestar oficio tras 16 largos años de silencio.

  4. De acuerdo, salvo las alusiones a la Iglesia, que, en la película resultan groseras y, sobre todo, falsas. No hay que olvidar que los detractores de la autenticidad del descubrimiento no se encontraban precisamente entre el clero, sino más bien entre algunas autoridades académicas y la Real Sociedad Española de Historia Natural, así como, de forma particular, la Institución Libre de Enseñanza, con D. Antonio Machado y Núñez, abuelo de los poetas, a la cabeza. Quien apoyó, como muestra la sesgada cinta, a D, Marcelino fue D. Juan de Vilanova Y Piera, Catedrático de Paleontología y católico y creacionista por más señas. Recuerde, además, que la Iglesia católica jamás postuló, a diferencia de los protestantes – el obispo Usher- cronología absoluta alguna sobre el origen del Mundo o del Hombre. Saludos cordiales.

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