Crítica de ‘El corredor del laberinto: Las pruebas’ (Wes Ball, 2015)

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Que el cine sea una industria antes que un arte permite la competición entre las grandes compañías productoras por los nichos de mercado. El de los adolescentes es uno de ellos, el más importante, y la lucha por conquistarlo es brutal.

Los últimos fenómenos pergeñados para esa batalla son las sagas de superhéroes, donde Marvel y DC Comics luchan fieramente; y las adaptaciones de trilogías literarias juveniles, con Los juegos del hambre de Lionsgate y Warner por una parte; El corredor del laberinto de Gotham y 20th Century Fox por otra; y Divergente de Summit; todas ellas luchando actualmente por la taquilla.

Póster de ‘El corredor del laberinto: Las pruebas’

El Corredor del Laberinto - Poster

La saga de ‘El corredor del laberinto’

El corredor del laberinto es una serie de novelas obra de James Dashner con los ingredientes habituales para los jóvenes: un grupo de adolescentes que debe sobrevivir en un mundo hostil donde sus virtudes físicas e intelectuales innatas les harán protagonistas de increíbles aventuras obteniendo importantes experiencias vitales (el amor, la muerte, el fracaso…) en estimulantes ceremonias de autoafirmación.

El éxito de las novelas de Dashner con varios millones de copias vendidas pedía a gritos la adaptación al cine, para la que se barajó inicialmente a la realizadora Catherine Wardwick. Wardwick dirigió la primera cinta de la saga Crepúsculo (2008), lo que evidencia la intención de sus productores queriendo contratarla. Sin embargo, hay que agradecerles que la desecharan para confiar en Wes Ball, un director sólo conocido por un sorprendente corto animado de ciencia-ficción, Ruin. Sin duda el cortometraje da señales de un realizador muy capacitado, pero no hay que subestimar el riesgo que se corrió poniendo un presupuesto tan grande en manos de un principiante. No se había visto algo así desde que Guillermo Del Toro confiase en Neill Blomkamp para hacer District 13 tras ver sus cortos.

Ball dirigió la película inicial de la saga con mucha solvencia, cocinando cinematográficamente bien los ingredientes recibidos. Aunque la crítica no alabó la obra, la operación comercial fue rotunda, recaudando 10 veces su presupuesto. Se avecinaba secuela…

Fotos de ‘El corredor del laberinto: Las pruebas’

 

Crítica de ‘El corredor del laberinto: Las pruebas’

…y no tardó en llegar. El corredor del laberinto: Las pruebas es la segunda entrega que llega puntualmente un año después del estreno de la primera, lo que significa que las condiciones de producción de toda la serie va a ser en continuidad, es decir, tratando los rodajes de las películas casi como si de una única cinta se tratase.

No puede ser de otro modo en proyectos de este tipo. Los costes de producción se abaratan y se evitan los enormes cambios físicos que sufren los actores si se deja alargar el tiempo entre rodajes. La tercera parte ya está en preproducción y se espera su estreno para 2017.

El visionado de esta secuela no admite cambios de opinión sobre lo que supuso la original. La elección de Ball como realizador fue acertada ya que, como sucedía en su cortometraje Ruin, la historia crece visualmente cuánto más se introduce en la ciencia-ficción y los videojuegos y olvidando la trama. La secuencia de los zombies en el interior del edificio es de una gran habilidad de planificación y ambiental, rozando por momentos el género del terror.

Respecto a su temática y narración hay poco que reseñar que sea diferente al resto de películas de este tipo, donde se busca la complacencia de un público joven que se identifica rápidamente con los protagonistas. Unos chicos que luchan en un mundo hostil y lleno de incógnitas contra una sociedad CRUEL (así se llama la corporación enemiga) que les impone normas y modos de vida que no se ajustan a sus deseos y necesidades.

Es fácil colegir que cualquiera en esa edad se apunta a esta forma de ver las cosas y al ánimo que tienen de descubrir qué les está pasando y por qué a ellos. Una historia de iniciación que engancha tal y como lo han hecho tantas otras a lo largo de la historia desde Tom Sawyer a La isla del tesoro pasando por El señor de las moscas, obra esta última con la que todas estas trilogías literarias y cinematográficas actuales tienen una gran deuda.

Si bien El corredor del laberinto: Las pruebas cuenta con una producción más que solvente, sería deseable más verosimilitud en determinados aspectos de su puesta en escena como la recreación de ciertos escenarios interiores (ver fotos) o el inmutable peinado de sus actores, a prueba de cataclismos. Detalles que delatan demasiado su impostura como producto comercial, al igual que la corrección política de algunas de las ideas que circulan por su argumento. El consumo de alcohol, drogas, la infidelidad o el sexo banal son sutilmente rechazados en distintos momentos como maliciosos. Sin embargo, resulta llamativo que en un grupo multiétnico de chicos que huyen, el único componente del grupo que se convierte en zombie y termina suicidándose por su contaminación vírica, tiene marcados rasgos… árabes. Juzguen ustedes si no hay una interpretación intencionada de la actualidad ahí.

Para el público adulto queda el recrearse en la aparición de algunos actores como Patricia Clarkson, Lili Tomlin y Barry Pepper; o las estrellas de series Giancarlo Esposito (Breaking Bad) y Aidan Gillen (The Wire), todo un guiño también al público joven y seriófilo. Del grupo de actores jóvenes y protagonistas, nada que destacar, aún están lejos de alcanzar la intensidad de otras estrellas de sagas similares como Jenifer Lawrence o Shailene Woodley.

Si una nueva generación anuncia una nueva sensibilidad, de ésta no podemos esperar grandes cosas salvo que serán unos placenteros consumidores, a la vista de lo que se les ofrece como entretenimiento.

Tráilers de ‘El corredor del laberinto: Las pruebas’

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Crítico y editor en CineCrítico. Adscrito a Online Films Critics Society.

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