Crítica de ‘La cumbre escarlata’ (Guillermo Del Toro, 2015)

Las continuas referencias no logran minar una bella historia que va del terror fantasmagórico al melodrama trágico.

El cine mexicano puede vanagloriarse de vivir el mayor momento de esplendor de su historia. Tres de los más importantes cineastas de la actualidad, Alfonso Cuarón (Gravity), Alejandro González-Iñárritu (Birdman) y Guillermo Del Toro (Hellboy), son mexicanos. La parte amarga es que ninguno de ellos en la actualidad ejerce su profesión en su país ni trata ningún tema que ataña a su sociedad, lo que señala la enorme influencia que la cultura norteamericana tiene sobre este país con el que comparte polémica frontera.

El desembarco en la gran industria del cine por parte de este trío se produjo casi simultáneamente y por los méritos individuales de cada uno de ellos, poseedores de muy personales y distintos estilos. En plena efervescencia de sus carreras incluso se asociaron en una productora que bautizaron con esa socarronería tan mexicana como Cha Cha Cha Producciones. Lamentablemente, las carreras de todos ellos han seguido caminos lo suficientemente brillantes y absorbentes como para no poder dedicar tiempo a esta compañía, que apenas ha realizado un par de títulos.

Cartel de ‘La cumbre escarlata’ (Crimson Peak)

La letra escarlata - Crimson Peak - Guillermo Del Toro

Guillermo Del Toro y la fantasía

De estos tres cineastas es Guillermo Del Toro el único que mantiene una trayectoria muy ligada a la fantasía y el terror. Su educación en la década de los 80 y su gusto por el cómic, arte del que es consumado guionista y dibujante, marcan su filiación con lo fantástico, casi siempre traducido en su obra por fenómenos que tienen alguna vinculación con las manifestaciones de la Naturaleza. Desde sus inicios con las modestas pero estimulantes Cronos (1993) y Mimic (1997), las representaciones del fantástico en su cine están vinculadas con relaciones filiales frustradas que trascienden el mundo real, habitando en ambientes orgánicos abigarrados donde los insectos tienen un gran protagonismo.

La capacidad de Del Toro para narrar visualmente le llevó pronto al cine de grandes compañías donde realizó cintas como Blade II (2002) o Hellboy (2004), lanzádole definitivamente a la popularidad.

Afortunadamente el realizador ha sabido manejar su carrera y encontrar o promover proyectos más acordes a su mundo, en paralelo a películas destinadas a la taquilla. El espinazo del diablo (2001) o El laberinto del fauno (2006) son títulos que entroncan con esa parte de su obra que parece más personal a tenor de lo que se vio al inicio de su carrera.

Fotos de ‘La cumbre escarlata’ (Crimson Peak)

Crítica de ‘La cumbre escarlata’ (Crimson Peak)

La realización de la estupenda Pacific Rim (2013) logra aunar por primera vez estas dos líneas seguidas por el director mexicano. En ella se combinan un tema que le apasiona desde niño, Godzilla, representado de una manera hipertecnológica (al gusto del público masivo y adolescente al que va destinado) y envuelto en un drama paterno-filial que se desarrolla en un ambiente orgánico amenazante y abigarrado, el fondo del océano.

Con La cumbre escarlata se tiene la sensación de que Del Toro nuevamente ha intentado unir en un sólo proyecto todo lo que le interesa, sin defraudar a la gran taquilla que le exigen por sus producciones ni a si mismo.

En esta ocasión, una aspirante a escritora en el floreciente Nueva York del XIX (Mia Wasikowska) es seducida en contra de los deseos de su padre por un sospechoso aristócrata europeo (Tom Hiddleston) en busca de financiación para las minas que ha heredado junto a su hermana (Jessica Chastain). Una vez que, fruto del matrimonio, se traslada al inhóspito lugar donde reside su marido, la protagonista irá descubriendo terroríficas presencias que acabaran por alertarle sobre los secretos de su familia política y el lugar donde residen, la cumbre escarlata.

Aunque el vigor narrativo de Del Toro se hace presente desde las impactantes primeras imágenes y frases del guión, transcurridos los primeros veinte minutos se hace evidente que el melodrama y la epoca elegida para su ambientación no son del dominio del cineasta. Las referencias al cine de otros autores son constantes y muy evidentes, algo que en el mexicano no es frecuente debido a su portentosa imaginación.

En primer lugar, la presencia de la actriz protagonista y toda la dirección de arte, extraordinaria por otra parte, remiten directamente a Tim Burton, muy concretamente a sus cintas Sleepy Hollow (1999) y Alicia en el país de las maravillas (2010).

Superada esta competente referencia inicial, conforme transcurre el metraje se van descubriendo reiterados préstamos, más que referencias, de recursos de filmes ampliamente conocidos para poder construir todo el artefacto narrativo que se ha propuesto. Desde el amor que supera oceános de tiempo y espacio tomado del Drácula de Bram Stoker (Francis Ford Coppola, 1992) hasta las copias hitchcockianas del ama de llaves de Rebeca (1940), aquí encarnado por la hermana, o el lento envenamiento a base de té tomado de Sospecha (1941).

Personajes de ‘La cumbre escarlata’ (Crimson Peak)

La cumbre escarlata - Crimson Peak

La cumbre escarlata - Crimson Peak

La cumbre escarlata - Crimson Peak

La cumbre escarlata - Crimson Peak

No se quedan ahí las citas. Algo del Eduardo Manostijeras (1990) de Burton planea en la magnífica recreación de esa mansión aislada y devorada por la Naturaleza en cuya buhardilla el marido realiza sus inventos. E incluso un plano que podría tomarse como un homenaje a la famosa secuencia de las hormigas que sirve de metáfora en Terciopelo azul (David Lynch, 1986) es también aquí utilizado de modo similar. Y algo de la excelente Jane Eyre (2011) de Cary Fukunaga (vaya, también protagonizada por Wasikowska, qué casualidad) se vislumbra en uno de los giros argumentales sobre el controvertido matrimonio.

Aunque es difícil aislarse de todas estas referencias, el relato no desfallece en ningún momento manteniendo un encomiable pulso que viaja desde la terrorífica historia de fantasmas inicial hasta el trágico melodrama amoroso de su conclusión.

Del Toro ha dejado claro con La cumbre escarlata que incluso moviéndose en terrenos que no le son propios puede resolver con solvencia una estimable película, narrada briosa y acertadamente gracias a recurrir a modos cinematográficos clásicos que casan con el relato. El empleo de la luz en diversas secuencias para narrar los grados del amor de la pareja protagonista dan cuenta de ello (la vela en el baile, el contraluz con el fuego en los besos…), dándose el gusto de adornar en ocasiones con cortinillas o cierres a negro las transiciones entre secuencias, recurso propio de los inicios del cine.

Un extraordinario diseño de producción, de los que ya no se ven, apoya al director en todo momento, destacando los decorados, iluminación, fotografía, vestuario y diseño de sonido; así como un trío protagonista perfectamente elegido y sintonizado con la historia, que ejecuta sus respectivos papeles a la perfección, sobresaliendo lo justo para no desentonar en el conjunto.

Tenemos que agradecer a Del Toro que sea ya uno de los pocos directores de cine capaz de crear una considerable expectación alrededor de sus obras, tanto por la elección de los temas como por el trabajo que se hace alrededor para ofrecer la información justa que cree el ánimo de verla. El mexicano se ha ganado el respeto del público trabajando a fondo cada una de sus historias, logrando una gran equilibrio entre sus intereses como narrador, las necesidades de la industria a la que sirve y los gustos del público al que van destinadas sus películas.

Puede que La cumbre escarlata sea su obra menos original, menos inspirada, donde hasta los fantasmas ya nos suenan de otros trabajos de sus protegidos, sin ir más lejos los de la eficaz Mamá (Andrés Muschietti, 2013). Puede que sea la cinta que ha hecho menos acorde a su imaginación y originalidad, incluso cuando acomete adaptaciones de cómics o secuelas. Pero no le podemos negar un sesudo y esforzado trabajo para dar con la mejor manera de contarlo.

Tráiler de ‘La cumbre escarlata’ (Crimson Peak)

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