Crítica de ‘El juez’ (Christian Vicent, 2015)

Cine virtuoso que aúna las excelencias de ser pedagógico, entretenido y emocionante con los mínimos elementos.

Crítica de El juez

 

Nada más que la verdad

 

Como en otras tantas circunstancias, el cine judicial como subgénero ha sido arrasado por la visión norteamericana. Hasta tal punto tenemos conocimiento de scómo funciona gracias al cine, que no es extraño leer en alguna crónica judicial española a un acusado acogerse a la quinta enmienda. No es de extrañar, también vestimos y hablamos como los protagonistas de las películas llegadas de Hollywood. Por ese motivo, entre otros muchos, resulta una celebración que una película francesa como El juez se estrene en España.

 

Cartel de ‘El juez’ con Fabrice Luchini y Sidse Babett Knudsen

Cartel de 'El juez'

Escrita y dirigida por Christian Vicent, del que recientemente hemos visto La cocinera del presidente (2012), la película es un encargo de un productor para el que Vicent adaptó una novela de George Simenon proponiéndole volver a trabajar con el prestigioso actor Fabrice Luchini. Vicent se basa de nuevo en un novela de Simenon, Los testigos, para construir un eficaz y concreto relato sobre un juicio a una pareja acusada de matar a su bebé en el que queda explícito el funcionamiento y carácter liberal de la justicia francesa.

 

Fotos de ‘El juez’ con Fabrice Luchini y Sidse Babett Knudsen

 

Crítica de ‘El juez’ de Christian Vicent

Acostumbrados a la teatralidad del cine judicial norteamericano y a sus pautas de intervenciones y normas, uno de los alicientes de El juez es la absorbente nitidez con la que se muestra el funcionamiento de un juicio penal en Francia. Sin concesiones al espectador y con un fantástico uso del montaje para hacer elipsis de los procedimientos reiterativos, El juez danza con absoluta maestría narrativa entre el entramado judicial, el caso de homicidio tratado, el perfil humano del jurado y la situación personal del juez al estar inesperadamente vinculado con una de sus componentes.

Vicent esboza con maestría apenas unos breves trazos, unos apuntes de cada trama y cada personaje para que sea el espectador quién termine de construir el retrato, como sucede en la magnífica secuencia del restaurante donde cada miembro del jurado se presenta. Igualmente sucede con la relación entre juez y la enfermera componente del jurado, donde apenas unos mensajes y una breve conversación permiten al espectador reconstruir todo lo que ha podido suceder entre ambos sin que esto quede confirmado en ningún momento. Una extraordinaria estrategia narrativa al alcance de muy pocos que logra la grandeza de narrar con mínimos elementos mientras que la película crece y crece en la mente del espectador.

El juez es una excelente película que no sólo resulta pedagógica por el conocimiento del liberal funcionamiento de la justicia francesa y la educación de sus ciudadanos al respecto, incluso siendo estos de baja extracción, retrato logrado con un fantástico trabajo de casting y vestuario, sino que resulta conmovedora en la sutileza de los elementos emocionales que maneja, encontrando un excelente vehículo en la refinada interpretación de Luchini y Babett Knudsen.

El juez destila verdad en cada una de sus imágenes, no porque sea verídica su historia, sino porque como aclara el protagonista “puede que nunca sepamos la verdad. El objetivo de la justicia no es sacar a la luz la verdad, sino reafirmar los principios de la ley y actuar en consecuencia”, tal y como Vicent demuestra que la ficción cinematográfica no tiene que contar la verdad, detallarla, sino reafirmar los principios de la ficción para que esta se construya y cada espectador la resuelva en consecuencia. Y no puede haber nada más cierto.

 

Tráiler de ‘El juez’ con Fabrice Luchini y Sidse Babett Knudsen

 

 

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