Crítica de ‘El libro de la selva’ (Jon Favreau, 2016)

Crítica de 'El libro de la selva'

 

El factor humano

 

Si hay algo en lo que destaca una compañía como Disney es por la excelencia de su estrategia de contenidos. Con un catálogo y planificación a futuro que abarca décadas, la multinacional ha demostrado una impecable capacidad de adaptación a los tiempos y las tecnologías a lo largo de su historia para mantener un liderazgo indiscutible en la industria del ocio. Un paradigma de esa excelencia podría ser la adaptación de los cuentos de Rudyard Kipling El libro de las tierras vírgenes cuya versión en cine de animación de 1967 lo convirtió automáticamente en un clásico infantil, diluyendo el carácter adulto y social de la obra original así como parte de su contenido, especialmente el de los cuentos donde no aparece Mowgli.

El 150 aniversario del autor ofrece a Disney la oportunidad de poner en marcha su capacidad de reedición de su catálogo y temas en una obra que, además, tiene unos maravillosos ingredientes para aplicar las últimas técnicas en efectos visuales y 3D.

 

Cartel de ‘El libro de la selva’ de Jon Favreau

Cartel Teaser de 'El libro de la selva'

Cartel Teaser de 'El libro de la selva'

El encargado de tal tarea ha sido el actor, productor y cineasta Jon Favreau, un infatigable hombre de cine y gran conocedor de la industria que en las últimas décadas ha quedado asociado a las grandes compañías y los blockbusters en los más diversos roles. Su valor como cineasta y conocedor de los gustos del público aún no ha sido lo suficientemente analizado y valorado. Favreau es uno de los responsables de que Iron Man haya pasado de un superhéroe más a un autentico ídolo dentro del mundo Marvel o de que la serie de películas de Los Vengadores goce de una salud excelente. Es, además, una de las voces habituales en el cine de animación de Disney, por lo que la asociación entre ambos era cuestión de tiempo para un proyecto más ambicioso.

 

Fotos de ‘El libro de la selva’ con las voces de Ben Kingsley, Idris Elba, Lupita Nyong’o, Bill Murray y Scarlett Johansson

 

Crítica de ‘El libro de la selva’ de Jon Favreau

Disney ha aplicado a su clásico El libro de la selva de 1967 la misma operación que le hemos visto realizar para el relanzamiento de la saga Star Wars, un pulido y abrillantado de cada una de sus piezas para adecuarlo a los tiempos y público actual. Pero si la operación llevada a cabo por J.J. Abrams podía tener su peros y pecar de prudencia, con la de Favreau no ha sido así. Quién se enfrente a ver El libro de la selva en esta versión de 2016 verá una película absolutamente nueva, no sólo por la asombrosa tecnología de efectos visuales y 3D utilizada, sino porque ha sido conducida por alguien con un criterio narrativo indudable.

El espectador, conocedor o no de la historia de Mowgli, asistirá sin parpadear a una primera hora y cuarto de relato absolutamente impecable, sin la más mínima ínfula, grandilocuencia o sentimentalismo, con un perfecto equilibrio entre el prodigio tecnológico y el interés narrativo. El conocimiento de la peripecia vital de Mowgli y la presentación sucesiva de los personajes Akela, Rhaksa, Bagheera, Shere-Khan, Baloo, Kaa y Rey Louie son una lograda obra narrativa donde los hechos definen a los personajes.

Favreau y el guionista Justin Marks han tocado las piezas precisas del original para lograr su objetivo, como que Kaa sea la sugerente voz una mujer (Scarlett Johansson) o que el conflicto con Shere-Khan sea motivo de una venganza personal más que por la pertenencia a un colectivo ajeno, la selva. O la sorprendente elección del animal que representa al Rey Louie, un explícito homenaje al Marlon Brando de Apocalypse Now. También se han guardado algunas bazas para una muy probable segunda parte, ya que toda la relación con el poblado humano del que es originario Mowgli queda en elipsis.

El resultado es asombroso. El libro de la selva, aunque no se separa de las características más criticadas en el cine de Disney como la excesiva antropomorfización del reino animal o el conservadurismo de un discurso aferrado a la familia y las sociedades de derecho que penalizan a los disidentes, es un relato impecable y soberbio con sólo unas pocas lagunas asignables a su concesión al espectáculo final.

Los más puristas pueden alegar que la finalidad de los cuentos de Kipling, en los cuales la epopeya de Mowgli sólo ocupa 8 de ellos, queda absolutamente diluida. O que su defensa del orden y las leyes de la manada frente a la anarquía del reino de los monos ha desaparecido. Pero ninguno puede negar que la colección de personajes salidos de su escritura han alcanzado gracias a Disney un conocimiento universal, la pertenencia a un inconsciente colectivo que señala de manera acertada y sin dudar la excepcionalidad de la inteligencia humana entre todas las criaturas vivas guiadas exclusivamente por sus instintos. Y ése es un mensaje que en esta nueva versión queda aún si cabe más claramente subrayado y que debería ser evaluado por quiénes defienden absurdos derechos de los animales equiparables a los humanos.

 

Tráiler de ‘El libro de la selva’ de Jon Favreau

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Crítico y editor en CineCrítico. Adscrito a Online Films Critics Society.

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