Crítica de ‘La visita’ (M. Night Shyamalan, 2015)

El discreto, estimulante y esperanzador regreso a sus huellas de un cineasta prodigioso.

Crítica de la visita - Shyamalan

M. Night Shyamalan tiene el raro privilegio de ser uno de los pocos directores cuyas películas son esperadas por muchos aficionados con gran interés, aunque sea para defenestrarlas. El motivo no es otro que el impacto que consiguió con su celebrada El sexto sentido (1999) gracias a contener uno de los más impactantes giros argumentales del cine reciente. Su relativa juventud en ese momento, inferior a los 40 años, su aspecto aniñado y racial, así como las apariciones que hace en su películas, le reservó pronto una especial atención de los medios y espectadores, ávidos de descubrir nuevos genios con los que cubrir sus anhelos.

Shyamalan no decepcionó en sus posteriores obras firmando uno de los arranques de carrera más brillante de las últimas décadas con El protegido (2000), Señales (2002) y El bosque (2004).

 

El cine de M. Night Shyamalan

Los estrenos del realizador de origen indio se contaban como éxitos indiscutibles de crítica y público. Unos guiones de estructura férrea capaces de explotar el más mínimo detalle de la puesta en escena para crear tensión e incertidumbre son su firma, actualizando la visión de temas clásicos de los géneros del suspense y el terror: extraterrestres, espíritus, mitos de la naturaleza… el bien y el mal transitando en la frontera entre la realidad y la fe. Una de las características de su cine, el desarrollo de conflictos emocionales en espacios cerrados, hacen sus producciones especialmente potables para la industria, ya que no requieren de grandes inversiones y producción.

Pero en una industria como la norteamericana, era inevitable tránsito a películas de mayor tamaño. Y éste ha ido acompañado de un progresivo desafecto de parte de su público. El primer disgusto llegó con La joven del agua (2006), una fábula de aíres míticos dentro de una urbanización de Cleveland con más ambición que resultados emocionantes. El incidente (2008) repetía ese esquema, usando una anomalía de la Naturaleza como mensaje de resonancia mítica o divina. Fue, sobre todo, Airbender, el último guerrero (2010) la que más desagradó, fallando en la traslación a imágenes de lo que podía ser una franquicia muy fructífera, y donde las virtudes del guionista y el director estaban prácticamente ausentes.

 

Cartel de ‘La visita’

Crítica de La visita - Shyamalan - poster

Shyamalan y la televisión

Otra superproducción en complicidad con la estrella Will Smith logró mejores resultados. After Earth (2013) es un drama de ciencia-ficción donde, si se obvian las múltiples escenas de acción y efectos especiales, se pueden rastrear las señas de identidad del director en el drama íntimo familiar y las secuencias de tensión y autoafirmación personal.

El tremendo auge de las series de televisión no podía ser ajeno a tan valioso guionista. Shyamalan se embarcó de la mano de Fox en la producción y escritura de Wayward Pines (2015), 10 capítulos de thriller de ciencia-ficción protagonizado por Matt Dillon, adaptando una novela homónima. Sin cosechar un gran éxito ni premios, ha habido cierto consenso acerca de la calidad de la serie y el regreso a los temas que conciernen a, en esta ocasión, su productor ejecutivo.

 

Fotos de ‘La visita’

 

Crítica de ‘La visita’

Sin haber restablecido el crédito de todo el público que quedó deslumbrado por la calidad de El sexto sentido, llega La visita. Incluso sus detractores no fallarán en ir a verla, porque en las películas de Shyamalan siempre hay algo estimulante para el espectador.

En esta ocasión, en la producción de La visita aparece la habitual Blinding Edge, la compañía de Shyamalan, y Blumhouse Productions. Este no es un detalle menor, ya que Blumhouse es una de la productoras más interesantes de cine de terror de los últimos años, habiendo encontrado un nicho de mercado que, en base a películas relativamente pequeñas, ha conseguido enganchar al público joven consiguiendo unos espectaculares resultados de taquilla. Suyas son las franquicias de Paranormal Activity, Insidious y Sinister, por mencionar las más conocidas de una gran actividad que abarca también la televisión.

Esta asociación ha devuelto a Shyamalan a unas condiciones de trabajo similares a las que tuvo al inicio de su carrera, cuando deslumbró a los espectadores con sus dramas de trasfondo sobrenatural. Y es probable que estas condiciones que le ofrece o exige Blumhouse sean mucho más adecuadas para sus capacidades, para esa intensidad única en las distancias cortas y el plano fijo.

La visita tiene el formato de lo que ha dado en llamarse found footage, un recurso que se ha constituido en subgénero desde la aparición de la cinta fundacional El proyecto de la Bruja de Blair (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999). Shyamalan nunca lo había utilizado, aunque no resulta ajeno a su estilo debido al abundante uso de planos casi subjetivos que hay en su cine. En esta ocasión, la excusa es la visita de unos hermanos a sus desconocidos abuelos por motivo del distanciamiento con su madre. Visita que la chica, cineasta en ciernes, quiere filmar para hacer un documental que provoque la reconciliación. Y esa filmación es la que compone el cuerpo del filme.

En La visita hay que reseñar un sentido del humor negro bastante saludable. Cuando son múltiples las películas que resaltan el papel integrador de los abuelos en las familias urbanas, donde el trabajo impide a los padres encargarse de sus hijos, que el origen del miedo en una historia sean precisamente esos adorables y solícitos abuelos es una propuesta a contrapelo que llega para sacudir la gazmoña a la que se está llegando con esta circunstancia.

Una vez que los niños están en casa de los abuelos dispuestos a pasar una semana repleta de actividades adorables para grabar en vídeo, llegan las anomalías. La actitud y el carácter de los abuelos entra en una espiral de extrañamiento que sirve en bandeja a su guionista y realizador brillar a gran altura en lo que mejor sabe hacer. Y no son precisamente esas secuencias que citan a emblemas del género como la mencionada Bruja de Blair o The Ring: El círculo (Hideo Nakata, 1998) o incluso un curioso homenaje a Hitchcock en una secuencia de acciones paralelas. No, no son ésas. Son las secuencias en las que un sólo plano fijo de un personaje o una estancia son capaces de provocar una tensión insana en el espectador.

Puede ser el niño sentado en un granero con una amenazante puerta abierta a su espalda. O la niña a campo abierto con un desasosegante punto de fuga tras ella cuyo encuadre queda roto por la torpeza con el zoom de su hermano. O la entrevista al abuelo en la que en todo momento éste mantiene sus manos ocultas bajo las piernas. Son la acumulación de todos esos momentos, de toda esa tensión no resuelta, la que caracteriza a su autor, la que maneja con una destreza inigualable. Era eso lo que había en El sexto sentido en todas las secuencias en el interior de la casa, sólo que rubricado con un giro argumental demoledor.

La visita recupera una parte del Shyamalan inicial, ése que saca petróleo del más mínimo recurso cinematográfico para llevar al espectador donde quiere. También recupera algo característico suyo, la retórica metanarrativa, algo muy evidente sobre todo en La joven del agua mediante el escritor que encarnaba él mismo, y que aquí está justificado en el rol de la niña cineasta incapaz de mirarse al espejo.

Si bien el conjunto cede finalmente a ciertos cánones comerciales donde la corrección política, la familia y la autoafirmación salen vencedoras, La visita es una película encomiable que multiplica por mil los resultados que consigue respecto a los medios con las que está construida. Y eso, a fin de cuentas, es la esencia de contar bien una historia.

 

Tráiler de ‘La visita’

 

Vídeos de ‘La visita’

1 thought on “Crítica de ‘La visita’ (M. Night Shyamalan, 2015)

  1. Una peli que nos muestra la cara oculta de los enfermos mentales, a los cuales hay que temer, despreciar y golpear, no vaya a ser que nos maten.
    Espero que la próxima peli sea de los hindúes o la religión hinduista, muy relacionada con el diablo, la brujería, el mal y esas cosas que vienen de la India. O de esos seres perversos llamados judíos, o de los negros. Espero que pille la ironía de lo que digo. Una pena no poder decírselo a la cara a Shyamalan.

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