Crítica de ‘Muros’ (Pablo Iraburu y Migueltxo Molina, 2015)

Una denuncia de la frontera como elemento que agudiza las diferencias entre iguales.

Muros - Walls - Documental

No podía llegar más oportunamente un documental como Muros, cuando toda Europa vive una crisis de refugiados provenientes de Siria. Una crisis que ha demostrado los diversos grados de permeabilidad que tienen las fronteras según intereses económicos. En esta ocasión parece que el problema de la guerra civil siria y los miles de refugiados que han huido de allí se va a resolver con unas cuotas de reparto que, más que solucionar, disipan un problema a la espera de que se arregle en su lugar de origen.

Precisamente, hace unos meses se ha presentado también District Zero, un documental codirigido por Iraburu y que tiene su argumento en un campo de refugiados sirios en Jordania. Allí, un informático repara teléfonos móviles, el único vínculo de comunicación y memoria que tienen los refugiados con el lugar y las gentes a las que pertenecieron. la tecnología como manera de superar los kilómetros y las fronteras traspasadas.

Pero no pensemos que Muros o District Zero responden a cierto oportunismo. Los cineastas Pablo Iraburu y Migueltxo Molina podrían haberlos hecho hace 5, 10 o 25 años y hubiéramos encontrado un caso similar en los periódicos al que asociar su argumento. Más allá de esta circunstancia, ambos han demostrado en su filmografía anterior un interés por la frontera como concepto que afecta al ser humano en muy distintas facetas.

En Pura vida (2012), su anterior y primer trabajo codirigido juntos, documentaban un rescate en el Annapurna, una frontera natural, ante la posibilidad de muerte del montañero Iñaki Ochoa de Olza, alguien cuya intensa forma de vivir también tiene que mucho que ver con la búsqueda de sus propios límites, de sus fronteras personales.

Fotos del documental ‘Muros’ (Walls)

 

Crítica del documental ‘Muros’ (Walls)

Muros (Walls), por lo tanto, no es más que una consecuencia lógica de la preocupación de ambos realizadores por los límites, ya sean naturales o artificiales, geográficos o humanas, que condicionan las vidas de quiénes los habitan.

En esta ocasión, elevan su punto de vista y hacen un repaso a algunas de las fronteras más denunciadas que existen en la actualidad, centrándose en 3 de las cuarenta y muchas que se enumeran en los créditos: la de Marruecos con España, la de México con Estados Unidos y la de Zimbabue con Sudáfrica. Atrás quedan otras muy reseñables como la de Gaza, pero para lo que ambos quieren contar, éstas son más que suficientes y valen tan bien como cualquier otra.

Iraburu y Molina realizan un extraordinario trabajo audiovisual recreando cómo condiciona la proximidad de una frontera la vida de distintas personas. Teniendo como hilo conductor aproximado el “salto” de una pareja mejicana a Estados Unidos, Muros retrata tanto vigilantes como seres que ayudan anónimamente a quienes cruzan ilegalmente. El mensaje de Muros es tan claro como brillante su exposición audiovisual: no hay diferencia entre quiénes viven a ambos lados de una frontera, es la frontera en sí la que los convierte en diferentes, la que condiciona su supervivencia. Unos protegiéndola, otros superándola, otros ayudando a superarla.

Si ya de por si las imágenes rodadas visualizan perfectamente estos límites físicos y concreta el mensaje a transmitir, ya sea a modo de barrera visual o como punto de fuga infinito, un excelente montaje divide en ocasiones la pantalla como metáfora a lo narrado y hace fluir las transiciones entre las historias geográficamente separadas. Desde la inmersión en esa marabunta diaria de la flexible frontera marroquí hasta la inextricable frontera sudafricana, el concepto de frontera, con sus diversas modalidades, y el impacto en las sociedades que la circundan quedan perfectamente ilustrados.

Es de agradecer que Muros elimine la interpretación política de su dibujo. Muros es el documental de dos cineastas genuinos que apuestan por el cine orgánico, como captura de la vida, prescindiendo de entrevistas y otro material documental de archivo, más bien de derribo, para contar lo que pretenden. Algo que se agradece profundamente, porque el documental en el cine no puede ser un remedo de una entrega de Informe semanal a mayor resolución.

Iraburu y Molina dan voz a sus protagonistas para su finalidad y además extraen otros que también sobrevuela cualquier conflicto fronterizo: la familia y la religión. Ambas como motivo para que las fronteras existan o para intentar cruzarlas. Muros consigue de este modo viajar desde lo personal, el testimonio de 6 vidas relacionadas con la frontera, a lo universal, a denunciar la frontera como elemento que agudiza la diferencia entre iguales. Barreras que sólo solucionan problemas a gente que vive a miles de kilómetros de donde están puestas.

Tráiler del documental ‘Muros’ (Walls)

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