Crítica de Point Break (Ericson Core, 2015)

Crítica de Point Break (Sin límite)

En 1.991 una generación de adolescentes descubríamos los deportes de riesgo y la cultura new age a través de una singular película llamada Le llaman Bodhi. Aunque venía revestida del marketing de una película de acción policíaca más, la singularidad estética de sus jóvenes actores protagonistas, Patrick Swayze y Keanu Reeves, y que tuviese unas excelentes escenas de acción y de surf, fijaron su recuerdo, transformando a los horteras de playa en auténticos dioses del Olimpo, ídolos juveniles de una nueva estética.

A los aficionados al cine, además, nos sorprendió que la película viniese firmada por una mujer, no porque no hubiese directoras, sino porque las imágenes desprendían una testosterona y sentido de la acción como si la hubiese filmado el mismísimo John G. Alvidsen para Sylvester Stallone en aquellos años. Bastante mejor incluso, mucho más estilizado e intenso. Aquella mujer era Katheryn Bigelow, que más de 20 años después sigue demostrando que es una extraordinaria directora de cine. Los que pudimos alquilar en VHS un título anterior suyo, Acero azul (1989), corroboramos que había que seguirla.

 

Cartel de ‘Point Break (Sín límites)’

POINT BREAK - Cartel final

 

Crítica de ‘Point Break (Sín límites)’

Lamentablemente, Bigelow no se prodigó mucho pero lo ha hecho con excelencia. Supo deshacerse vital y profesionalmente de la sombra de su marido y productor en esa cinta, James Cameron, el inventor del 3D para el gran público, y hacer una estimulante carrera punteada de interesantísimas películas que incluso le trajo un Óscar.

A pesar de que las conexiones entre ambos films son obvias, son menos de las que parecen. Evidentemente, el Point Break dirigido por Ericson Core en 2015 es un remake del filmado en 1.991, pero sólo como excusa argumental. Mientras que en el original la trama policíaca y el contraste entre las dos formas de vivir y concebir el mundo de sus protagonistas cubrían de interés el espectáculo visual, en esta nueva cinta sucede justo lo contrario.

La llegada del 3D a la industria del cine a partir de Avatar (James Cameron, 2009) produjo el enésimo cambio tecnológico en la industria que aún no ha sido amortizado. Es difícil encontrar guiones que justifiquen realmente el uso del 3D y que convenzan al público del coste extra en la entrada. Y sin duda Point Break era uno de ellos. De ese modo, el argumento original ha quedado relegado a una larga sucesión de desafíos extremos filmados con gran pericia y brillantez, dignos de la tecnología 3D con la que se proyecta, pero que en conjunto no dejan ningún poso ni contenido relevante, donde ha desaparecido el confrontamiento entre dos mundos o el descubrimiento de una corriente juvenil.

 

 

Fotos de ‘Point Break (Sín límites)’

 

Point Break arranca con una gran secuencia visual de motociclismo de aventura pero no consigue superar la natural gradación que debe tener una historia para suscitar mayor interés durante su desarrollo. Las escenas de acción se suceden en lo más variopintos y espectaculares escenarios alrededor del mundo apenas hilvanadas por una levísima trama policial y punteadas por diálogos grandilocuentes y, a veces, francamente sonrojantes.

Point Break cinematográficamente no alcanza mayor calidad que el mejor de los anuncios de bebida energética, pero hará las delicias de los que disfrutan de los deportes de riesgo y quienes buscan nuevas señas estéticas para su salida a la playa el próximo verano.

 

Tráiler de ‘Point Break (Sín límites)’

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Crítico y editor en CineCrítico. Adscrito a Online Films Critics Society.

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