Ricki (Jonathan Demme, 2015)

Crítica de Ricki - Meryl Streep

Meryl Streep pertenece a dos categorías de intérprete que están a punto de extinguirse. La primera es la de actrices que sin ser guapas o feas pero cómicas, han logrado estar en lo más alto de su profesión y ser deseada por todos los productores y directores. La segunda, aún más escasa de ejemplos, es ser ese tipo de actriz que prácticamente no necesita ningún aderezo para hacer creíble cualquier personaje, desde una ama de casa a una duquesa o una rockera. Ambas categorías ganadas gracias a que Streep tiene un rostro y sobre todo un talento lo suficiente singulares para no necesitar nada más. Jonathan Demme, el director de Ricki, lo sabe, y le dedica una primera secuencia para la moviola de su carrera, una presentación de actriz y personaje en un primerísimo plano que viene a decir: “Sí, esa mujer madura que estás viendo tocar la guitarra eléctrica con destreza es Meryl Streep”. Para el recuerdo.

Pero no sólo en esa brillante primera secuencia conocemos a Ricky. Demme es un excelente director de cine, quién puede olvidar El silencio de los corderos (1991), también pionero en el arte de filmar conciertos donde prácticamente ha creado escuela, ahí están sus trabajos con Neil Young, Bruce Sringsteen, New Order y el célebre e hipnótico Stop Making Sense (1984) de los Talking Heads. El realizador aplica su maestría para captar como crece la interpretación de una canción sobre el escenario y se proyecta hacia el público que esa noche asiste a un bar perdido en el interior de los Estados Unidos. Mientras se desgranan los acordes de la canción, Demme nos descubre paulatinamente quién asiste esa noche a escuchar a Ricki hasta que el espectador deduce que ante sus ojos se está trazando el mapa de un país dentro de un bar.

Quedará también en el recuerdo, junto a este inteligente y emotivo arranque, la ya contrastada habilidad de la guionista Diablo Cody para reivindicar la libertad individual frente a las convenciones sociales más castradoras. Ricky no es ningún elaborado melodrama familiar ni importa realmente lo que sucede entre sus personajes, simplemente es otra carcasa sobre la que Cody construye su enésimo atentado contra la moral biempensante: la reivindicación de la diferencia y la voluntad como valor intrínseco a la realización del individuo.

Desde su brillante debut con Juno (Jason Reitman, 2007) pasando por el que probablemente sea su mejor guión hasta el momento, Young Adult (Jason Reitman, 2011), Cody ha trazado una galería de personajes femeninos de todas las edades que se rebelan contra la imposición de las costumbres de una sociedad políticamente correcta hasta la exasperación, hasta la exterminación del individuo. Ahí están la adolescente rebelde en Juno interpretada por Ellen Page, la adulta que no quiere crecer interpretada magníficamente por Charlize Theron en Young Adult y ahora, la madura de costumbres juveniles Ricki que abandona a su marido y tres hijos para perseguir el sueño de convertirse en una estrella de rock, incluso cuando ha constatado que no es más que una vulgar rockera provinciana que tiene que malvivir como cajera de supermercado.

 

Esta vez, el destino de los dardos envenenados de Cody es una burguesía acomodada de ideología progresista, una familia rica que sigue a pies juntillas todas las convenciones y estereotipos lanzados por la sociedad del bienestar, incluido hijo homosexual normalizado, que culmina en una boda de menú vegano, no contaminante y que destina parte de los regalos a una causa benéfica. Todo ello bajo los mejores modales, cócteles ecológicos, discreto murmullo de conversaciones y una suave melodía relajante de fondo.

Ricki no pasará a ninguna antología cinematográfica, pero lleva en sus imágenes la habilidad de un excelente director capaz de explotar narrativamente hasta el más pequeño detalle de una historia y sus personajes, retratando a la vez a una sociedad enfermiza por las apariencias y la correción hasta eliminar cualquier atisbo de autenticidad con tal de no perturbar su falso bienestar.

Compartir
Crítico y editor en CineCrítico. Adscrito a Online Films Critics Society.

Dejar respuesta

ocho + diecinueve =