Crítica de ‘Victor Frankenstein’ (Paul McGuigan, 2015)

 

Prometeo descosido

 

Si alguien aún se pregunta como se pueden seguir estrenando películas sobre Frankenstein, la respuesta es muy sencilla. Es una historia universal, una marca o producto reconocible a nivel global hacia el que todos nos sentimos atraídos por la fuerza y simbolismo de la novela original de Mary Shelley.

Desde las primigenias interpretaciones del genial Boris Karloff hasta la visión cómica de El jovencito Frankenstein (Mel Brooks, 1974) o el tono policíaco de la estupenda serie The Frankenstein Chronicles (Benjamin Ross, 2015) el Prometeo de Shelley y todas su obras derivadas son un cauce donde tienen cabida muchas interpretaciones de tipo psicológico, científico, religioso y social al que tanto autores como público es difícil que se resistan.

En esta ocasión ha sido el jovencísimo guionista de éxito Max Landis quién ha escrito y levantado la producción de un guión basado en el mito literario que explora todas las referencias que ha recibido como espectador sobre la obra e intenta aportar un punto de vista inédito: el de Igor, el ayudante del doctor.

 

Cartel de ‘Victor Frankenstein’ de Paul McGuigan

Victor Frankenstein poster cartel

 

Crítica de ‘Victor Frankenstein’ de Paul McGuigan

Victor Frankenstein es un película iconoclasta, algo que deja claro desde las primeras secuencias en las que unos brillantes créditos iniciales con dibujos de la anatomía humana nos adentra hasta un circo, nada más alejado del mundo victoriano donde se desarrolla la novela original. Este memorable prólogo es lo más rico visualmente de la película, tanto que parece que asistamos en primera instancia a una revisión de la obra maestra de David Lynch El hombre elefante (1982), otra de sus innegables referencias.

El enfoque del guionista Davis es singular ya que vivimos y conocemos la obsesión del científico Frankenstein (James McAvoy) por crear vida de la nada desde la mirada de Igor (Daniel Radcliffe), su ayudante, tratado casi como un igual debido a sus conocimientos médicos.

Apoyado en un excelente diseño de producción con brillantes escenarios y rico atrezzo, el director Paul McGuigan imprime un fuerte ritmo a la narración desde el primer minuto, rasgo que queda impreso ya en las interpretaciones de sus protagonistas, repletas de movimiento y velocidad en los diálogos. Es de destacar la utilización de destellos de luz, imágenes distorsionadas y tipos de plano en la presentación de los personajes Lorelei, Victor y su padre para fijar su personalidad, una narrativa que lamentablemente desaparece en la segunda mitad de la película donde el rápido montaje y los efectos especiales se adueñan de los clímax con las criaturas.

Victor Frankenstein amalgama diversas tramas de contrastado éxito comercial, no sólo la original de Shelley, sino también una vertiente policíaca, un pequeño drama romántico, un melodrama familiar y una conspiración de poder. Lástima que los pespuntes con que están unidos todas ellas sean muy débiles, puntadas sin hilo de piezas poco desarrolladas que no terminan de encajar bien unas con otras debido al carácter meramente comercial de la cinta que impone sus criterios.

Se podría decir que, paradójicamente, la criatura cosida por el guionista y el relámpago que ha aportado el director con su trabajo para insuflar energía a todas esas piezas y referencias alrededor del mito no consiguen en ningún momento lograr que cobre vida.

 

Fotos de ‘Victor Frankenstein’ con Daniel Radcliffe y James McAvoy

 

Tráiler de ‘Victor Frankenstein’ de Paul McGuigan

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Crítico y editor en CineCrítico. Adscrito a Online Films Critics Society.

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