Día 4: El amor en falta de gravedad

Festival de San Sebastián - Zinemaldia - 2013 - Caníbal

Llegamos al ecuador del Festival de San Sebastián con ganas de asistir a algunas de las películas que más expectación han levantado previas a su pase: la española Caníbal y la nueva cinta de Alfonso Cuarón, Gravity.

Sección oficial: Caníbal

La nueva película de Manuel Martín Cuenca da continuidad a la veta encontrada con La mitad de Óscar, exploración de temas tabú y empleo de un lenguaje cada vez más bressoniano. En Caníbal, Carlos es un sastre amante de su oficio, pulcro y riguroso. Esa misma actitud la emplea a la hora de matar y diseccionar a sus víctimas que posteriormente se comerá. El acto de canibalismo lo realiza sólo con mujeres, es la forma que tiene de sublimar el amor y las pulsiones sexuales hacia ellas. “¿Qué pasaría si el diablo se enamorara?” se preguntaba el director del film.

El laconismo de Carlos -interpretado por el poliédrico Antonio de la Torre– raya en lo enfermizo y lo siniestro. Un témpano de hielo solitario y gris. Un personaje dotado de un magnetismo reforzado por una mirada que aglutina todos los diálogos elididos. El psicologismo en esta película no ha lugar, todo viene dado por la puesta en escena y las actitudes de los actores.

Una ciudad de provincias (Granada, aunque podría ser cualquiera), claustrofóbica y marcada por la incidencia de la tradición (la Semana Santa), nos acompaña como un personaje más del relato presentándose como el nido de la serpiente. Una entorno represivo y cerrado, dibujado con trazo grueso negro, alumbrado con luz negra sólo puede generar monstruos.

 

La película tiene un plano de arranque sorprendente, con un sencillo movimiento de cámara (pero de una profundidad moral abisal) cuestiona la mirada del espectador y nos sitúa bajo el punto de vista del caníbal. Esta es una película incómoda no por lo que se muestra, sino por cómo se muestra y se sugiere.

 

Sección oficial: October November

Producción austríaca que ha provocado bostezos e irritación durante su pase. Dos horas excesivas y sufridas donde se dan la mano los lugares comunes y una plúmbea trascendencia. En ella, dos hermanas. Una vive y trabaja en un pequeño hotel familiar de los Alpes -la casa donde crecieron- con su familia y a cargo de su padre. La otra es el lado opuesto, se marchó a Berlín, es actriz y tiene una vida sentimental inestable.

La enfermedad del padre forzará la visita de la hermana cosmopolita a la casita de los Alpes, desatando la envidia y celos de su otra hermana que se desahoga de la frustración provocada por no haber podido elegir otra vida distinta a la que tiene.

Lo más interesante de la película es el juego realidad-ficción al que nos invita el director aprovechando la coyuntura de la hermana actriz, colándonos en el rodaje de una película sobre la que resuenan los conflictos reales de las dos hermanas.

 

Sección oficial: Mon Âme Par Toi Guérie

Esta cinta podría ser la película tapada y la sorpresa del festival. Frédi, el hijo de una curandera recibe el don para sanar de su madre cuando ésta muere. Epiléptico y en perpetua confusión, ve en esta gracia más bien una carga difícil de gestionar.

Esta persona es especial y recuerda mucho al personaje interpretado por Carmelo Gómez en Tierra de Julio Médem. “Yo nací torcido” comenta el protagonista de Mon Âme Par Toi Guérie, sin embargo, gran parte de la culpa de que vaya enderezándose la tendrá su encuentro con otro personaje torcido, el interpretado por la bellísima Céline Sallette.

 

De este modo, apoyándose el uno junto al otro consiguen materializar lo que la micropoetisa Ajo señalaba en uno de sus poemas: “Si uno mi soledad a la tuya, ¿qué tengo dos soledades o ninguna?”

Los reflejos de la luz del sol son empleados en todos los planos en los que aparece Frédi, diseñando un ambiente onírico y metafísico pero desarrollado en la cotidianeidad más prosaica. En el fondo, esta película es un retrato luminoso de una fábula humanista en la que participan seres heridos física y emocionalmente en busca de redención y afectividad.

 

Perlas: Gravity

Inauguró la última Mostra de Venecia y aquí en San Sebastián se ha llevado la mayor ovación hasta lo que llevamos de festival. Gravity es una película adrenalínica que le saca un jugoso partido al empleo del 3D.

Es un placer angustioso subirse a lomos de George Clooney y Sandra Bullock, dos astronautas que se encuentran a la deriva debido a la basura espacial, que impacta como si fuera metralla, contra su nave espacial.

 

Una carrera contrarreloj por la supervivencia narrada con la estructura de un videojuego. Los héroes deben “pasar” de pantalla para seguir jugando, en un tour de force cada vez más complicado y desafiante. Lástima que su director, Alfonso Cuarón, intente llevar este concepto al paroxismo y acabe desbarrando en el último tramo de la película hasta crear una parodia de su propio juego.

Como en toda película que transcurre más allá de la atmósfera, el componente existencial emerge y las reflexiones acerca de la futilidad del ser o la condición humana tienen la pista libre. Resulta curioso también el sutil apunte político referido al nuevo orden mundial. La misión espacial empieza en una base norteamericana, sobre la que colisionan los restos de un satélite ruso y la salvación vendrá dada por la huida a través de la estación china. La lectura bien podría ser, si (EE.UU.) no puedes con tu enemigo (China) únete a él.

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