Día 5: Abre los ojos

El sol ha llegado para quedarse en San Sebastián, y no por las magníficas temperaturas, sino por la luminosidad y calidez de la propuesta de David Trueba o las carcajadas de la cinta de Bertrand Tavernier.

61 Festival San Sebastian - Zinemaldia - 2013 - Vivir con los ojos cerrados - Natalia de Molina - David Trueba - Francesc Colomer - Javier Cámara - Jorge Sanz

Contrariamente a lo que sucede en el “cine de festival”, esta edición del Zinemaldia nos está ofreciendo un gran número de comedias, género injustamente despreciado. Cuando no hay nada más difícil que hacer reír. El humor hay que tomárselo en serio, oiga.

 

Sección oficial: Vivir es fácil con los ojos cerrados

 
El sol ha llegado para quedarse en San Sebastián, y no lo digo por las magníficas temperaturas que desde hace unos días han alargado el verano donostiarra, sino por la luminosidad y calidez de la propuesta de David Trueba.

España años 60, un profesor de inglés (una rareza para la época) es un fanático de los Beatles hasta el punto de enseñar a sus alumnos el inglés a través de las canciones del grupo de Liverpool. Cuando se entera de que John Lennon anda por Almería rodando una película, emprende un viaje hacia allá para encontrarse con su ídolo.

La película toma una forma dual emparentada con la road-movie y el western. Un viaje que será iniciático tanto para el profesor encarnado por un Javier Cámara heredero de la tradición hispánica de actores verborreicos, como para sus dos acompañantes involuntarios -interpretados por Francesc Colomer y Natalia de Molina-, dos personajes que huyen de un entorno que les asfixia. Una realidad espesa, cutre y bárbara es la que les impulsa hacia la luz del sur. Pero allí se encuentran un peldaño más abajo todavía, un país desconocido y subdesarrollado, casi africano.

Alegre y melancólica, como la vida misma. Vivir es fácil con los ojos cerrados es una película amable, a veces demasiado, pero que plantea una lúcida visión fuera de campo de la España de ahora como continuidad de la España de antes, con guiños al 15-M: “a los jóvenes les han tapiado su futuro” y animándolos a la rebeldía.

 

Sección oficial: Quai D´Orsay

 
Esta comedia da auténtico pavor. Provoca una cascada de carcajadas, pero te devuelve una mueca inquietante. Y es que pese a ser una ficción basada en un cómic, es real, demasiado real. Bertrand Tavernier elabora un artefacto aparentemente inofensivo, un juguete cómico desarrollado en los pasillos y despachos del Ministerio de Exteriores francés, pero esta historia es universal.

 
Vlaminck, un polluelo recién licenciado es el encargado del “lenguaje”, esto es, de redactar los discursos al excéntrico e hiperactivo ministro -un sosias de Dominique de Villepin-. La palabra juega en este marco un papel fundamental. Se convierte en hojarasca, en máscara, en una ficción. Si a ello le unimos el cinismo y la sobreactuación permanente del ministro, el resultado es el triunfo de la banalidad. Más o menos lo que ocurre hoy día, con cualquier discurso del político X, que la palabra se ha devaluado hasta tal punto que sólo genera ruido.

El veterano cineasta francés exagera y enfatiza esta propuesta paradójicamente para conseguir con ello un mayor realismo. Igual que hacía Valle-Inclán con los espejos deformantes del Callejón del Gato.

 

Sección oficial: The Railway Man

 
Pese a que no han venido a Donosti la pareja protagonista de este film, Colin Firth y Nicole Kidman, el buen sabor de boca que ha dejado esta película compensa todo lo demás. Después de una sección oficial bastante intimista, nos encontramos ante un cuadro de historia. Un alegato antibelicista a través de los traumas provocados por las torturas que sufrió durante la Segunda Guerra Mundial, el soldado interpretado por Colin Firth.

La película nos cuenta a través de varios flashbacks, las humillantes y crueles torturas que el ejército japonés ejecutó sobre unos militares británicos rendidos y cansados. El director de la cinta, el australiano Jonathan Teplitzky no ahorra detalles de estas secuencias bastante sufridas para el espectador.

Basado en una historia real, el protagonista descubre años más tarde que su torturador japonés sigue vivo y es más, es guía de esos mismos espacios de tortura convertidos ahora en un museo. Los traumas siguen presentes en él, que en su yo interior sigue siendo soldado y quiere venganza. Sin embargo, la aparición del amor en su vida de manera fortuita, le hará replantearse su escalada de odio y alejarle de la senda autodestructiva a la que se encaminaba.

 

Zabaltegi: Family Tour

 
¿Quién no ha sentido alguna vez la necesidad de “tierra trágame” en las interminables visitas familiares que se suceden cuando uno regresa a casa después de estar un tiempo fuera? Family Tour nos lo advierte desde su irónico título pues, como si de un bus turístico se tratara, la furgoneta de la madre de la protagonista va haciendo parada en casa de los abuelos, las tías, los primos,… gente ya ajena a Liliana, que se marchó a estudiar a México y ha vuelto al pueblo para un par de semanas.

 
En esta película todos se interpretan a sí mismos al tratarse de la propia familia de la directora del film Liliana Torres; a excepción curiosamente del personaje protagonista, que lo encarna una actriz profesional, Nuria Gago. El choque interpretativo entre esta actriz y la familia de la directora se hace evidente en la primera secuencia, sin embargo se pasa por alto, conforme la película va ascendiendo y ganando en intensidad dramática.

Como ocurría en Tres días con la familia de Mar Coll, Liliana y su familia viven en universos distintos, con inquietudes y maneras de entender la vida divergentes. La independencia de Liliana choca con la actitud protectora del núcleo familiar, en especial con su madre.

Surgida de la ESCAC de Barcelona, este curioso ejercicio de exorcismo familiar, planteado como una ficción con personajes reales, resulta ser una de las sorpresas más agradables y curiosas del cine español reciente.

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