Día 7: Desde los márgenes

La Historia con mayúsculas ha sido reemplazada por pequeñas historias que en su modestia, visualizan el amplio abanico de visiones e identidades con las que el cine aborda una realidad difícil de atrapar. Frente al planteamiento hardcore, se opta por el merodeo, por el margen, la periferia. La micropolítica en claro desafío al gran cuadro de Historia.

61 Festival de San Sebastián - Zinemaldia - 2013 - For Those Who Can Tell

La Historia con mayúsculas ha sido reemplazada por pequeñas historias que en su modestia, visualizan el amplio abanico de visiones e identidades con las que el cine aborda una realidad difícil de atrapar. Frente al planteamiento hardcore, se opta por el merodeo, por el margen, la periferia. La micropolítica en claro desafío al gran cuadro de Historia.

 

Sección oficial: For Those Who Can Tell No Tales

Uno de los fantasmas que recorre medio mundo es el olvido. No hay país que no haya sufrido un episodio traumático y que sobre él, irremediablemente se haya corrido un tupido velo de amnesia. Como apuntó André Bazin, el cine es uno de los medios que tiene la virtud de embalsamar el tiempo, y por ende fijar la memoria, dotando de un imaginario colectivo a la sociedad.

For Those Who Can Tell No Tales revisita el conflicto de los Balcanes veinte años después. Y lo hace empleando las herramientas de la evocación y la palabra. La ciudad, el entorno, se convierte en un personaje más de la película, en presencias de una ausencia difícil de asimilar. Jasmile Zbanic -la directora del film- proyecta al espectador en la figura de una turista australiana que visita Bosnia con la visión del lugar modelada por las guías de viaje, como cualquier turista tipo.

Sin embargo, una vez allí se percata de la geografía del horror por donde transita, incluyendo el hotel donde se aloja que fue un centro de represión y violación de centenares de mujeres. Pese a estar el horror tan latente, no hay nada que lo recuerde, se oculta por el “bien del país”. El viejo mantra de “olvidar el pasado y mirar hacia adelante” que tan bien conocemos en nuestro país.

Los lugares, los hechos, las historias son reales, sin embargo la película elabora una ficción para dar sentido  construir un relato de los hechos. Esta es una película de resistencia y sincera, sobre la otredad, lo invisible, y ahí juega un papel muy destacado la visibilización de la mujer. La protagonista es una mujer que toma las riendas del relato y mujeres son también las grandes olvidadas de todos los conflictos, el de los Balcanes no es una excepción.

 

Perlas: Jeune et Jolie

François Ozon, habitual del festival y ganador de la Concha de Oro el año pasado, vuelve a la carga con una película llena de fugas y recovecos, en línea con su anterior trabajo. Planteada como un cuento moral rohmeriano, nos cuenta la historia de Lea, una joven que acaba de iniciarse en las relaciones sexuales no de la mejor manera, y que decide prostituirse como si fuera un juego para obtener nuevas experiencias.

 

François Ozon nos retrata un personaje ambiguo (no sabemos si disfruta o no) que lo tiene todo: estabilidad familiar, amigos, amantes, dinero, etc., pero esa vida en apariencia normalizada no le satisface. La película responde a las espectativas de Ozon, lo reconocemos en cada secuencia. Es un cineasta que está madurando de manera arrolladora y está creando un lenguaje propio.

 

Perlas: La imagen menguante

Como ocurre con la película de Jasmile Zbanic, La imagen menguante se hace las misma pregunta: ¿Qué ocurre cuando no tenemos imágenes que puedan dejar constancia del horror? La respuesta que nos ofrece Rithy Panh es la reconstrucción de unos hechos pero no con actores sino mediante el modelado de los personajes en figuras de barro.

Estamos ante un insólito documental de animación, similar a la propuesta de Vals con Bashir pero más precario y rudimentario. Pero también mucho más profundo y reflexivo. La barbarie producida por la dictadura de los jemeres rojos es la que intenta desentrañar Rithy Panh, algo que ya hizo en S-21. La máquina roja de matar.

 

A través de una narración en primera persona y tomando como protagonistas a su propia familia, elabora un ejercicio metalingüístico acerca del significado de las imágenes. ¿Pueden las imágenes representar el mundo? ¿Y la barbarie? Detrás de toda imagen hay unas intenciones y unos discursos de poder. Esta película trata de deconstruirlos mediante esta novedosa representación documental punteada con una voz en off que nos interroga nuestra posición como espectadores.

Ética y estética se dan la mano en una propuesta que propugna un distanciamiento brechtiano y que mantiene la esperanza en que el cine aún tiene “algo que decir”.

 

Made in Spain: Gente en sitios

Atentos a la última propuesta de Juan Cavestany porque está destinada a convertirse en una película de culto. “Gente en sitios” es el resultado de pasar por la túrmix Inland Empire de David Lynch, Franz Kafka, Miguel Noguera y La hora chanante.

Estructurada a partir de pequeñas historias independientes a modo de sketches, un popurrí extensísimo de actores consagrados y noveles se dan cita en una película extraña que no hay por dónde cogerla. No busquen un hilo argumental, es una película fractal hecha a base de conceptos siendo el absurdo la urdimbre sobre la que se teje este ovni.

Gente en sitios nos habla de lo absurdo sí, pero combinado con situaciones familiares que devienen extrañas dejando la puerta abierta a la emergencia de lo siniestro. Puede leerse también, como un certero retrato -como fueron las pinturas negras de Goya– de un país absurdo, extraño y cruel: España. Pero es un retrato hecho desde las afueras, desde los no-lugares de la experiencia. Lejos del monumento, apuesta por el intersticio.

 

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