La gran estafa americana (American Hustle)

Amy Adams en La gran estafa americana

El acto de comprar es la máxima expresión en una sociedad capitalista. Poco importa si lo que compras finalmente resulta útil, mejora o facilita tu forma de vida o si ese beneficio es perdurable. Lo has comprado, has vivido ese momento de gloria que es adquirir algo nuevo ante los demás, estás en la pomada. “Me he comprado esto, mira”. Eso es lo que importa. Comprar es el nuevo viajar: “Este reloj me lo compré en Milán”. Canasta de 3 puntos. Hay quién visita ciudades para comprar algo en su Milla de Oro como otros visitan su estadio. Comprar hasta como forma de ocio, como el propio cine: “He quedado con mis amigas para ir de compras”.

El ensalzamiento máximo de la compra ha arruinado la fiabilidad de los acuerdos, del contrato que subyace tras cada compra. Nadie lee sus textos, ni preocupan sus resultados, porque el propio acto de la firma, de la compra, como acto público es más importante que su finalización correcta. Ante eso, la especulación está servida. A Iñaki Urdangarín y sus sociedades se les contrataba por su imagen, por la foto, mucho más valiosa que las consecuencias del acuerdo. Incluso en el hipotético caso de que hubiera alguna consecuencia, algún resultado.

“¿Puede algo falso ser tan importante como algo verdadero?” -pregunta retóricamente el estafador Rosenfeld (Christian Bale) ante el alcalde Polito (Jeremy Renner).

“Sí, si es lo que necesitas”. -se autorespondía.

Así se hizo millonario el yerno de un Rey, alentado por unos administradores públicos que le contrataban sin condiciones, y así se ganan la vida los protagonistas de esta película, montando un negocio de préstamos falsos que aprovechaba la ambición desmedida por comprar de unos desdichados que veían en ese acto la única forma de seguir en la ola.

Ese diálogo, esa idea, es el eje de La gran estafa americana (David O. Russell, 2013), una brillante narración basada en el caso real de dos estafadores detenidos y utilizados por un agente del FBI (Bradley Cooper) para una operación de altos vuelos que ilustra cómo la ambición mal entendida sólo produce decepción. Una ambición que se ha propagado entre nosotros como un virus escondido entre el carpe diem y la creencia de que todos tenemos un talento innato y oculto que nos hará ser recordados.

David O. Russell dirige esta cinta que se alimenta sin complejos de la obra de Martin Scorsese en su fluidez e impacto narrativo, regida por el movimiento constante de la steady-cam y un excelente montaje con tres editores acreditados para conseguir la percusión y fluidez de la genial Thelma Schoonmaker. Tono narrativo que traslada al espectador la ansiedad de los personajes en sus afanes, ayudados por una brillante reconstrucción de los 70 en cuanto a estilismo, vestuario y dirección de arte.

Esta cuarta producción de Bradley Cooper, segunda junto a David O. Russell tras El lado bueno de las cosas (2012), confirma al actor como influyente productor de Hollywood (no es casualidad su presencia en el famoso selfie de los Óscars) que va contando sus proyectos por éxitos. La insistencia en cierto equipo con la imparable Jennifer Lawrence, a los que se unen por parte del director la brillante Amy Adams y el camaleónico Christian Bale, ambos en The Fighter (2010), auguran cierta autoría, o al menos preocupación por parte de Cooper sobre las apariencias como forma de vida de consecuencias dramáticas.

Qué otro tema se puede tratar en Hollywood, auténtica escuela filosófica del vale más lo que pareces. Atentos a su próxima producción American Sniper (2015), que puede seguir apuntando en este sentido estando dirigida nada menos que por Clint Eastwood.

Compartir
Crítico y editor en CineCrítico. Adscrito a Online Films Critics Society.

2 Comentarios

    • Hola Laura.

      Es imposible responder a esa pregunta porque la cinematografía de un país en un sólo año es lo suficientemente variada y extensa como para no abarcarla toda en un solo juicio resumido en unas frases.

      Sí notamos que en los últimos años nombres como Campanella o Darín han conseguido una proyección del cine argentino que antes era infrecuente y que ayudará a que salgan otros proyectos más modestos o con menos proyección comercial.

      En cualquier caso, estás invitada a dejar tu opinión en este blog.

      Un saludo.

Dejar respuesta

seis + seis =