Crítica de ‘Zoolander nº 2’ (Ben Stiller, 2015)

Crítica de ZOOLANDER NO. 2

 

La insoportable levedad del estar

 
Ben Stiller es una de las figuras más destacadas de la comedia norteamericana actual. Sus grandes limitaciones como actor y director las compensa con creces con un incontestable olfato para la taquilla y la escritura de gags que se alimentan de un amplio conocimiento de la cultura popular y televisiva.

Aunque ha hecho breves incursiones en un cine algo más serio y melodramático como las meritorias Un loco a domicilio (1996) o la revisión del clásico La vida secreta de Walter Mitty (2013), son sus parodias del mundo del cine en Tropic Thunder ¡una guerra muy perra! (2008) y el de la moda en Zoolander (2001) las que han calado en la memoria. La mirada sarcástica de Stiller sobre dos profesiones cuyo aspecto más superficial deslumbra a millones de personas ha encontrado un gran respaldo en el público que reconoce la visión del guionista y realizador para señalar la frecuente desnudez intelectual de sus parodiados.

 

Poster y fotos de ‘Zoolander nº 2’ con Ben Stiller y Owen Wilson

Zoolander nº 2 - Poster definitivo

 

Crítica de ‘Zoolander nº 2’ (Ben Stiller , 2015)

Uno de esos innegables aciertos es el retrato del súpermodelo Derek Zoolander, un proverbial zoquete cuya belleza y estilo tan sólo es superado por el atrevimiento de su ignorancia. Si en la original Zoolander lo conocimos y nos reimos con su particular percepción del mundo, en esta secuela Stiller recupera a un personaje ya de culto popular para embarcarlo en una aventura a la búsqueda de su identidad tras el fracaso de sus proyectos vitales.

Lamentablemente en esta cinta Stiller sustituye su buen trabajo en gags hilarantes por una sucesión de escenas sin hilvanar que sólo ahondan torpemente en lo ya explorado en la película original. Si ya el humor de Stiller no es precisamente sutil, este ejercicio de dar al público una ración doble de lo que le gusta elimina cualquier atisbo de calidad en todos los aspectos artísticos y técnicos de la película.

Stiller filma sin interés un guión desnortado y sin sentido, donde se acumulan los lugares comunes para que el protagonista deje constancia reiterada de su estupidez. La sucesión de cameos y guiños a la cultura popular y a la cinta original son el único aliciente de este filme que deshace el pequeño hechizo que había conseguido su predecesor: clavar una aguja en la insustancialidad que se permite a los profesionales de un sector que prefieren la brillantez efímera del estar a la perdurabilidad del ser.

 

Tráilers de ‘Zoolander nº 2’ con Ben Stiller y Owen Wilson

Compartir
Crítico y editor en CineCrítico. Adscrito a Online Films Critics Society.

Dejar respuesta

7 + diez =