Día 2: Sesión maratoniana

El martes fue mi primera sesión maratoniana en el festival Documenta Madrid 2013.

Salí de trabajar con el tiempo justo para meterme en la sala 1 de Cineteca para ver Vergiss Mein Nicht (No Me Olvides) del alemán David Sieveking, una película sobre el mal de alzheimer que afecta a la madre del director y que me hizo llorar a mares ante la enfermedad de esta señora que ignora incluso quiénes son sus propios hijos y esposo.

La historia está contada en primerísima persona. Así, el director investiga para descubrir quién era realmente su madre, para lo que no duda en hacer valientes entrevistas a un antiguo amante o a miembros del grupo feminista en el que militaba; ni en leer los diarios íntimos de ésta o buscar en los archivos de la policía secreta suiza. Me recordó un poco a El Desencanto (Jaime Chávarri, 1976) ―que, por cierto, proyectarán en el festival el viernes y el sábado―, en el sentido de que da la sensación de que la cámara no se limita a grabar, sino que su registro de las conversaciones de la familia decide el propio futuro de ésta.

Sólo le pongo un pero a esta cinta y es una pequeña incoherencia que manifiesta a la hora de narrar, pues en todo momento se finge que el equipo de rodaje “no está ahí”. Creo que hubiera sido más valiente incorporar al equipo a la propia historia, tal como hizo Joaquim Jordà en varias de sus películas y Silvia Munt en el genial y poco conocido documental Gala, sobre la controvertida esposa de Salvador Dalí. Además, la película tiene un efecto secundario no esperado: me provoca unas ganas locas de filmar un documental.

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Documenta Madrid 2013: Día 2
 

 

Continuamos con Google y El Cerebro Mundial (Ben Lewis), un documental muy entretenido a la vez que aterrador, al mostrar la amenazante realidad que nos espera ante la acaparación del saber y el conocimiento por un solo grupo empresarial.

Por último, veo El Otro Día, una poética cinta del chileno Ignacio Agüero que, si bien cuenta con momentos notorios al grabar imágenes supuestamente banales pero de gran belleza plástica, se pierde por meandros que no vienen a cuento cuando el director decide hacer entrevistas a todo aquel que llame a su puerta. Agüero resulta no ser ningún Werner Herzog ni Eduardo Coutinho y la cosa no resulta. Para colmo, la filmación de su entorno, el principal objetivo del director para esta película según nos cuenta, se hace por momentos dubitativo, vagante, lo cual hace que la película resulte un poco cargante.

Tras 3 proyecciones (las 2 últimas seguidas de debate) sin apenas interrupción, me siento cansado pero con una sonrisa tonta en los labios (sarna con gusto no pica) y con un montón de inquietudes, sensaciones y preguntas en mi cerebro para compartir con vosotros si queréis mandarme algún comentario. Es la primera vez que vivo una experiencia así, pero la verdad es que está valiendo la pena.

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